Por qué los profesores de yoga se frustran… y qué implica saber adaptar las clases (de forma seria) para alcanzar niveles de satisfacción personal y profesional que ahora se te escapan.

Si quieres adaptar la práctica de yoga a cada persona que te llegue, sin perderte en divagaciones, tal y como hago con todos mis alumnos, paso a paso, aquí te mostraré cómo.

Hay una muy buena razón para que un profesor de yoga profundice en la anatomía y la biomecánica del cuerpo, y no tiene nada que ver con que es una manera muy buena de aumentar la consciencia corporal, que por supuesto,… ni siquiera porque será capaz de adaptar la clase a cualquier alumno, que también… hay algo que me parece realmente importante que nos afecta a todos en el mundo del yoga y que si no detectamos, nos deja estancados y en una actitud de lucha inútil.

 

Pero antes de comentarte qué es, deja que te cuente una breve historia y te ponga en situación…

 

En yoga…

 

…se suele pensar que los resultados vienen del esfuerzo. Más te esfuerzas y más constante eres, mejores resultados y mayor progreso tienes.

 

Lo de la constancia se repite hasta la saciedad. Incluso lo repiten las personas que no hacen yoga, “eso es pura constancia”.

 

Al final lo que se suele querer decir es algo como “esto va de esforzarse y esforzarse hasta que va saliendo”.

 

Cuando empecé a practicar yoga era la tónica general fuera a la escuela que fuera. Practica y practica y todo llegará.

 

Se sigue diciendo mucho.

 

El caso es que yo no era menos. No tenía ni idea de este mundo y me limitaba a seguir este “razonable” planteamiento.

 

Al poco de empezar a practicar me mudé a Madrid, y allí empecé a ir a unas clases de yoga donde me animaban mucho a eso de esforzarme.

 

En concreto, se me daban bien las posturas de equilibrio sobre brazos. Así que me insistían para que les dedicara todo mi esfuerzo.

 

Al fin y al cabo, eran posturas muy vistosas, divertidas y satisfactorias de hacer. También suponían un esfuerzo grande, pero bueno, el esfuerzo era el camino.

 

El caso es que mis muñecas no se divertían tanto como yo.

 

Pero bueno, sería normal, si me decían que practicara esas posturas y que me esforzara tanto sería porque sabrían lo que me estaban diciendo.

 

Confiaba en ellos.

 

Un buen día estaba sentado leyendo en el sofá de mi casa. Me dolían las muñecas hasta el punto de apilar unos cuantos libros para improvisar un atril donde colocar el libro que me estaba leyendo.

 

Sujetarlo con las manos me resultaba muy molesto.

 

Tenía una taza de té en la mesa y en ese momento me vi sentado en el sofá de mi salón sin poder sujetar una taza de té con la mano izquierda del dolor que sentía en la muñeca.

 

Dos días después no podía sujetar una taza de té con ninguna de las dos manos. Me dolían las muñecas y los codos.

 

Nunca he sido especialmente inteligente, pero no había que serlo para darme cuenta en aquel momento de que había cosas que estaban mal en cómo usaba mi cuerpo y que la incompetencia de mis profesores para no sólo no saber explicarme qué ocurría no ayudaba.

 

Para peor, me decían que “era normal”.

 

Hay muchas personas que dan indicaciones según su intuición (o según lo que les han dicho en sus formaciones express) pero sin tener ni idea de cómo funciona una muñeca. O un cuerpo en general.

 

Ahí fue cuando empecé a leer, hacer cursos y estudiar todo lo que tuviera que ver con el cuerpo humano.

 

Al tiempo me formé como profesor de yoga y pude entender porqué mis ex profesores habían fallado tanto en mi caso:

 

En la mayoría de formaciones se enseñan conceptos anatómicos tan grandilocuentes como poco útiles en la vida real. Cuando no directamente erróneos.

 

Una cosa decidí por aquel entonces.

 

Como profesor no quería ser yo quien rompiera las muñecas o cualquier parte del cuerpo a mis alumnos por repetir indicaciones enlatadas.

 

La idea de entender el cuerpo cuando hablaba del cuerpo me parecía bastante más coherente.

 

Ya te digo, no soy muy inteligente, pero tampoco hace falta serlo.

 

De hecho mi formación universitaria no tiene nada que ver con la salud. La realidad es que no hace falta para entender el cuerpo y el movimiento.

 

Movernos nos movemos todos, y entenderlo va más bien de saber qué es importante y seguir un método.

 

Como te decía,

Cuando me puse a estudiar sobre el cuerpo, al principio caí en los viejos libros de anatomía en los que apenas aprendes sobre cadenas musculares y poco más.

 

Luego descubrí la biomecánica. Fue como si se abrieran las puertas de la comprensión.

 

Entender cómo el peso del propio cuerpo más la fuerza de gravedad presionan las articulaciones, me permitía ver la importancia que encierra cada pequeña decisión.

 

También me enseñó otro montón de cosas sobre los diferentes tipos de morfología y el uso del cuerpo.

 

Pero había un problema: podía entender porqué pasaban ciertas cosas, pero no me permitía encontrar soluciones.

 

Una cosa es ver el peligro.

 

Otra muy distinta es arreglar problemas y aliviar dolores.

 

Las puertas de la comprensión estaban abiertas, pero no alcanzaba para pasar el umbral.

 

Entonces tuve la suerte (o la buena puntería) de acceder a información que no aparecía en los libros de anatomía:

 

Las fascias.

 

Las fascias son un elemento del cuerpo al que no se le prestó ninguna atención hasta hace unas décadas. Siempre estuvieron ahí, pero la ciencia no las reconocía.

 

(un poco como pasó con el ADN que se pensaba que estaba rodeado de “basura” y luego resultó que la basura era importantísima)

 

Se conoce tan poco de ellas que el primer congreso internacional sobre fascias se hizo recién en el 2007.

 

Lo alucinante es que a cada estudio que se realiza sobre el tema, más relevancia gana.

 

Definitivamente, este era el elemento que faltaba.

 

Uniendo la biomecánica con el conocimiento sobre el sistema miofascial, comencé a hacer pruebas y a conseguir buenos resultados. Primero sobre mí.

 

Luego me reuní con fisioterapeutas que supervisaron lo que estaba haciendo. Más adelante comencé a aplicarlo en alumnos.

 

Había llegado a un punto importante: la biomecánica me había abierto unas enormes puertas, el conocimiento sobre el sistema fascial permitía atravesar el umbral.

 

Así nació el método de la EBY.

 

Con todo este conocimiento, comencé a preparar alumnos de forma presencial.

 

Estaba naciendo el Instituto de Biomecánica del Yoga, aunque eso sería más adelante.

 

En ese momento estábamos fascinados con el descubrimiento: Ahora no solo preveníamos problemas físicos en clase.

 

Ahora, además podíamos detener el deterioro de ciertos tejidos, aliviar inflamaciones, dolor y tensiones.

 

Podíamos activar los sistemas del cuerpo en cada asana, utilizando mejor nuestro cuerpo y nuestra atención.

 

Comenzamos a progresar de maneras que antes no considerábamos posibles.

 

¿Sabes qué nos pasaba antes de descubrir el método?

 

Que llegábamos hasta un punto y no avanzábamos de ahí. Que habían detalles en nuestras rutinas de yoga que nos dañaban y frenaban por completo el progreso.

 

Pero eran sutiles, por eso pensábamos que el problema era que no nos esforzábamos lo suficiente (siempre esa idea del esfuerzo).

 

Así que en vez de ampliar la conciencia, estábamos en una lucha interna, estancados.

 

Pero con el método de EBY las cosas cambiaron para siempre.

 

Entendimos que el Yoga ES progreso o no es.

 

Bien usado el yoga nos permite profundizar cada día más.

 

Disfrutar cada vez más de cada asana, de cada transición. Vivir más plenamente cada inhalación, cada exhalación.

 

¿Sabes cuál es la otra cosa que notamos?

 

Que crecía la confianza y seguridad con la que dábamos clases. Podíamos guiar a los alumnos desde un lugar muy sereno, acompañando su progreso sin que interfieran las dudas ni la inseguridad.

 

Eso también lo notan ellos, incluso hasta en la voz con la que hablas en clase. Como te contaba.

 

Crear y dar forma a la Especialización en Biomecánica aplicada al Yoga (EBY) es de las mejores decisiones que tomé.

 

Y de las mejores cosas que le ha pasado a muchas de las personas que están dentro.

 

No es casualidad, es porque el método es realmente útil y además porque el programa de Especialización en Biomecánica Aplicada al Yoga tiene un formato bastante particular que lo hace tan efectivo.

 

Y una filosofía que no es para todo el mundo.

 

Por ejemplo, una rareza es que los alumnos no asisten a una sola de clase de yoga en todo el programa.

 

Y más detalles interesantes.

 

Pero resulta que llevo 1337 palabras.

 

Así que si quieres saber cuáles son los contenidos de los 8 Módulos del método de la EBY y las razones por las que el programa es tan particular y consigue tan buenos resultados.

 

Si quieres conocer las fechas, el precio y todos los demás detalles, tendrías que clicar en el botón de abajo para seguir leyendo.

Instituto de Biomecánica del Yoga – Especialización en Biomecánica del Yoga (EBY)

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